Marantz: El imperio del sonido perfecto que sobrevivió a todos sus dueños
Nació en la cocina de un músico obsesionado con escuchar la música tal como había sido grabada. Construyó algunos de los equipos más venerados de la historia del Hi-Fi y se convirtió en una leyenda. Pero Saul Marantz perdió el control de la compañía que llevaba su nombre y, durante décadas, la marca pasó de una empresa a otra. Hoy sigue viva, aunque muy lejos de aquella pequeña compañía que buscaba el sonido perfecto.
Por Administrador
Publicado en 27/08/2026 17:52
Tecnología

 

Hay equipos de audio que simplemente reproducen música.

Y hay otros que forman parte de la historia.

Marantz es uno de ellos.

La historia comenzó en 1952, cuando Saul Bernard Marantz, músico y apasionado por la electrónica, decidió construir en su propia casa un preamplificador para resolver un problema que tenían los discos de aquella época: las distintas grabaciones utilizaban diferentes curvas de ecualización.

El aparato funcionó.

Y funcionó tan bien que los pedidos comenzaron a llegar.

En 1953 nació oficialmente Marantz Company y apareció el Model 1, el primer producto de una marca que terminaría convirtiéndose en una referencia mundial del audio de alta fidelidad.

 

La obsesión por escuchar mejor

 

Marantz no buscaba fabricar equipos baratos ni llenar las casas de electrónica.

La idea era otra: conseguir que el equipo interfiriera lo menos posible entre la grabación y el oyente.

Llegaron entonces modelos como el Model 7, el Model 9 y el extraordinario Model 10B.

Eran equipos caros, sofisticados y construidos con una obsesión por la calidad que hoy puede parecer exagerada.

Pero funcionó.

Marantz comenzó a construir una reputación que todavía conserva.

El problema fue que crecer cuesta dinero.

En 1964, la compañía fue adquirida por Superscope. Saul Marantz comenzó a perder protagonismo y, con el tiempo, dejó de estar al frente de la empresa que llevaba su apellido.

La marca, sin embargo, siguió creciendo.

 

Los años dorados

 

Si existe una época que convirtió a Marantz en leyenda, fueron los años 70.

Sus receptores eran enormes, pesados y prácticamente indestructibles.

Paneles de aluminio, madera, grandes instrumentos analógicos y aquella característica iluminación azul hicieron de modelos como el 2270 auténticos objetos de culto.

Eran equipos para escuchar música, pero también para mirar.

En aquellos años el equipo de audio ocupaba un lugar central en la casa. Se elegía con cuidado, se limpiaba, se cuidaba y podía acompañar a una familia durante décadas.

Marantz había conseguido algo que no aparece en una ficha técnica:

tener personalidad.

 

Cuando apareció el CD

 

Pero la industria estaba a punto de cambiar para siempre.

En los años 80 apareció el disco compacto y el mundo comenzó a abandonar lentamente el vinilo.

Marantz tuvo que adaptarse.

La compañía desarrolló reproductores de CD y comenzó a trasladar su filosofía de alta fidelidad al mundo digital.

Durante esta etapa apareció una figura fundamental: Ken Ishiwata, ingeniero y embajador de la marca, que se convirtió en uno de los responsables de mantener esa personalidad sonora que los aficionados asociaban con Marantz.

Sus famosos modelos KI Signature se hicieron especialmente conocidos entre los audiófilos.

Marantz había demostrado que podía entrar en la era digital sin renunciar a su identidad.

 

De dueño en dueño

 

Pero mientras la tecnología cambiaba, también lo hacía la estructura empresarial.

Marantz pasó por Philips, luego se unió con Denon bajo D&M Holdings y, en 2017, ambas marcas quedaron dentro de Sound United.

En 2022 llegó otra venta: Masimo adquirió Sound United.

Y en 2025 ocurrió el movimiento más reciente: HARMAN completó la adquisición de Sound United, incorporando a su cartera a Marantz junto con otras importantes marcas de audio.

HARMAN, a su vez, pertenece a Samsung.

Es decir: aquella pequeña compañía que Saul Marantz había comenzado prácticamente de manera artesanal terminó formando parte de uno de los mayores grupos tecnológicos del planeta.

 

¿Qué quedó de Saul Marantz?

 

Probablemente, lo más importante.

Porque los propietarios cambiaron, pero el nombre sobrevivió.

También sobrevivió una idea: que un equipo de audio no debería llamar la atención sobre sí mismo, sino permitir que la música sea la protagonista.

Saul Marantz murió en 1997. Nunca conoció el streaming, Spotify, el audio inalámbrico ni los equipos capaces de recibir música desde Internet.

Pero su apellido sigue apareciendo en amplificadores, reproductores y sistemas de audio modernos.

Y eso es quizás lo más extraordinario de esta historia.

Marantz perdió a su fundador.

Perdió su independencia.

Cambió de país, de tecnología y de propietarios.

Pero no perdió su identidad.

Hoy un viejo Marantz de los años 70 puede volver a encenderse después de décadas, iluminar su panel azul y comenzar a reproducir un disco.

Y en ese momento ya no importa quién es el dueño de la empresa.

Importa la música.

Porque Saul Marantz creó una compañía que terminó sobreviviendo a todos sus dueños.

Y quizá ese sea el verdadero sonido de su legado.

 

 

 

Crédito: Viento Sur

 

 

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